País de avestruces

Este es un país de contrastes en el que una botella de cognac, al ser bellísima, puede cambiar su significado ya por "un millón de pesos" o de dólares; ya por una bella "niña", de acuerdo con algunos intrusos en el lenguaje de la pedofilia...
En este país es necesario salir a las calles.
Enfurecerse, sobre todo, con el gober precioso.
Gritar, exigir, repudiar, minimizar a Mario Marín, para ser felices.
Pero frases de 40 mil personas, como "¡Mi héroe, papá; te vamos a sacar!", "Aplaudan/ aplaudan/ no dejen de aplaudir/ que el gober precioso se tiene que salir/", "Mi gober precioso, tú eres mentiroso, mi gober precioso tú eres asqueroso/ mi gober precioso, corrupto y asqueroso/ mi gober precioso el pueblo está furioso", sin embargo, son insuficientes tras las finas pláticas del gobernador con Kamel Nacif. Aquí, en el país de las avestruces, es apenas suficiente con que quien detenta el poder, primero, diga No es mi voz; no soy yo, pero sí... Y luego: los veo pero no me voy. Estaré aquí hasta cumplir mis seis años. Es decir, nadie ve, nadei oye. Nadie hace nada. Nosotros: reinventemos la nación. Comprometámonos. Y logrémoslo. ¿Qué tal una nueva constitución?
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