Trazos de un sueño olímpico

Creo que este blog está llamado a convertirse en el baúl electrónico de los recuerdos. De todos tipos, trataré de colocar aquí el mayor número de crónicas y reportajes del pasado, y, en la medida de lo posible, del presente, en ese afán porque alguien acceda a su lectura, pues el viejo veliz en que se guardan pocos sino yo lo abren.
Ahora, el texto que inició una larga serie (60 entregas) de la historia de México en Juegos Olímpicos. Este es el link. Y adelante, la historia.
http://www2.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia.html?id_nota=66156&tabla=DEPORTES
El Universal
Lunes 19 de julio de 2004
En el Saint James Club de París, Pierre de Coubertain compartió al mexicano Miguel de Béistegui sus ideales
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Pedro Díaz G.
"Sr. Ignacio Mariscal.
"Ministro de Relaciones Exteriores.
"Como en todas las grandes capitales no existen, por así decirlo, entre los miembros de las misiones extranjeras, sino relaciones personales, y para hacer el conocimiento de sus colegas es indispensable que, a su llegada, un diplomático pida su admisión en un buen club de la capital, especialmente en el Saint James, así lo hice al día siguiente de mi llegada, e inmediatamente fui admitido.
"Si me permito referir ese detalle, en apariencia meramente mundano, a esa Secretaría, es porque Saint James Club es una institución diplomática: tiene dos subcomités formados, el uno por miembros del foreign office, el otro por algunas misiones extranjeras acreditadas aquí".
Y firma.
Se encuentra De Béistegui en la cúspide de su carrera diplomática. Es bachiller en Ciencias e Ingeniero Civil. Se graduó en la Escuela Central, en París. Domina el inglés y el francés y el 7 de octubre de 1884 fue invitado a incorporarse como canciller del consulado mexicano en París. Su salario anual: mil pesos oro.
El primero de septiembre de 1901 el propio Porfirio Díaz lo designó primer secretario de la Legación en Londres. Conocería De Béistegui a un singular personaje en el Saint James Club: uno de los hombres más renombrados en el mundo. Un soñador por excelencia. Es el hombre que ha restaurado los Juegos Olímpicos: Pierre de Fredy, barón de Coubertin.
Charla impetuosamente de sus ideales olímpicos, comenta las anécdotas de aquellos primeros juegos, en Atenas, y del dolor que le invade porque su amada París falló en los segundos, apenas el año pasado. Pero dice que no desmaya; los reveses le fortalecen. Está seguro de que todo cambiará en San Luis 1904.
Tengo un viejo sueño dice Pierre de Fredy a Miguel de Béistegui: que estos juegos no sean una competencia destinada a las grandes potencias; quiero que en ellos participen todas las naciones; que el deporte hermane a los pueblos... Que se luche en las pistas y no en los campos de batalla.
Contagia la ilusión al mexicano.
Las charlas se prolongan durante varios días. De Béistegui muy pronto, antes de que termine este 1901, escribe a Ignacio Mariscal: "Con todo respeto, señor, le informo que he aceptado el cargo de representante de México ante el Comité Olímpico Internacional..."
Agosto de 1904: San Luis, Missouri, es el centro del mundo. El lugar donde convergen todas las miradas.
De ella emanan las noticias que recorrerán el orbe. Aquí se reúnen empresarios, políticos, industriales, inventores, deportistas, expositores, periodistas... Gente venida de todos los puntos del planeta... Hombres, mujeres, niños...
Porque aquí se realizan los dos acontecimientos del año: la Feria Mundial y los III Juegos Olímplicos de la era moderna. Y México está varias veces presente...
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